Rafael Rico se levantó aquella mañana con el presentimiento de que su hora llegaría pronto. En los últimos días, había tenido más palpitaciones que de costumbre y los calambres se habían vuelto residentes permanentes en sus corvas. Dio unos sorbos al café preparado por su esposa, tomó una pieza de pan y se encaminó por el callejón. Hacía frío, pero su caminata no la cancelaba ninguna novedad meteorológica y menos aún su visita diaria al río River.
Mientras mascullaba su pieza de pan, pensó en que aquella mañana el río estaba peculiarmente apacible. Desde que lo imaginó, había cambiado varias veces de color. Primero era turquesa, del color de los mares del caribe. Luego, fue tornándose más y más azul, hasta alcanzar una tonalidad índigo. Otras veces, sin que Rafael se lo propusiera, el río River subía de nivel, hasta casi desbordarse. En otra ocasión, bajó de nivel en otoño, pese a las constantes lluvias.
Pero todo esto a Rafael no le importaba, mientras el río siguiera ahí, dispuesto a recibirlo en su quietud el día en que su cuerpo se convirtiera en cenizas. Pensar en eso lo tranquilizaba, paliaba la ansiedad que le provocaba pensar en volverse un descarnado.
Sus ojos se posaron sobre el espejo del río, descansados. Así permanecieron hasta que algo comenzó a emerger del fondo. Era algo similar a un costal. No, era más bien un tronco... un pedazo de madera. Sí, era algo sólido. Rafael se acercó y clavó su mirada sobre el objeto que poco a poco comenzó a tomar forma. Definitivamente, aquello era un cuerpo.
La sorpresa, el enojo y la decepción se enredaron en su interior hasta formar una madeja que le dificultó la respiración.
- ¡Con un carajo! – gritó finalmente, rojo de ira.
Había imaginado el río River para él, le pertenecía. Era el sitio que había elegido para cobijarlo por última vez y ese ahogado se lo había robado. Se sentía ultrajado, despojado de su más preciada posesión. Dejó escapar un suspiro lleno de frustración, engulló el último trozo de pan que le quedaba, se dio la media vuelta y de regreso a casa, comenzó a darle forma a una montaña altísima, cuyo pico se perdía en el espeso enjambre de nubes.
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Hace 6 días

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