jueves 29 de enero de 2009

El ahogado del río River

- A Rafael Rico Ponce.

Rafael Rico se levantó aquella mañana con el presentimiento de que su hora llegaría pronto. En los últimos días, había tenido más palpitaciones que de costumbre y los calambres se habían vuelto residentes permanentes en sus corvas. Dio unos sorbos al café preparado por su esposa, tomó una pieza de pan y se encaminó por el callejón. Hacía frío, pero su caminata no la cancelaba ninguna novedad meteorológica y menos aún su visita diaria al río River.
Mientras mascullaba su pieza de pan, pensó en que aquella mañana el río estaba peculiarmente apacible. Desde que lo imaginó, había cambiado varias veces de color. Primero era turquesa, del color de los mares del caribe. Luego, fue tornándose más y más azul, hasta alcanzar una tonalidad índigo. Otras veces, sin que Rafael se lo propusiera, el río River subía de nivel, hasta casi desbordarse. En otra ocasión, bajó de nivel en otoño, pese a las constantes lluvias.
Pero todo esto a Rafael no le importaba, mientras el río siguiera ahí, dispuesto a recibirlo en su quietud el día en que su cuerpo se convirtiera en cenizas. Pensar en eso lo tranquilizaba, paliaba la ansiedad que le provocaba pensar en volverse un descarnado.
Sus ojos se posaron sobre el espejo del río, descansados. Así permanecieron hasta que algo comenzó a emerger del fondo. Era algo similar a un costal. No, era más bien un tronco... un pedazo de madera. Sí, era algo sólido. Rafael se acercó y clavó su mirada sobre el objeto que poco a poco comenzó a tomar forma. Definitivamente, aquello era un cuerpo.
La sorpresa, el enojo y la decepción se enredaron en su interior hasta formar una madeja que le dificultó la respiración.
- ¡Con un carajo! – gritó finalmente, rojo de ira.
Había imaginado el río River para él, le pertenecía. Era el sitio que había elegido para cobijarlo por última vez y ese ahogado se lo había robado. Se sentía ultrajado, despojado de su más preciada posesión. Dejó escapar un suspiro lleno de frustración, engulló el último trozo de pan que le quedaba, se dio la media vuelta y de regreso a casa, comenzó a darle forma a una montaña altísima, cuyo pico se perdía en el espeso enjambre de nubes.

miércoles 28 de enero de 2009

Revolución

Juan Paredes -indio tarahumara- lustra afanosamente las botas del general, que fuma en silencio. Una tensión oscura flota en la habitación. El pueblo es un enjambre de rumores. Los federales lo saben: en sus filas tienen un espía. El indio alza la vista para indicar al jefe que el trabajo está hecho.
El general lo mira, y sus ojos son dos tizones encendidos por un odio milenario. Juan lo sabe: el paredón que se alista es para él, como hace siglos se alistó una hoguera, hace cien años una soga y hace doscientos una guillotina. Sale del cuarto despacio, se enfila hacia el paredón con calma, sabiendo que en este siglo, tampoco llegará a cumplir treinta.

jueves 22 de enero de 2009

Un aplauso para Obama

No por su excelente habilidad discursiva, no porque sea el primer hombre de color (¿los demás eran transparentes?) en llegar a la Casa Blanca, no porque se llame Hussein y ahora ocupe la oficina oval... hoy quiero dar un aplauso -de pie- al flamante presidente de los U.S.A. porque, habiendo sido una de sus promesas de campaña, ha decretado el cierre de la prisión de Guantánamo, en Cuba.

Considero que es un buen comienzo. De ahí, debería seguir con el inmediato retiro de la base militar gringa en aquella región de la isla y de pasadita, el levantamiento de al menos un 20% del bloqueo económico, como señal de buena voluntad para con el pueblo de Cuba, al que ya se ha perjudicado bastante con esta absurda estrategia política.

Sin embargo, quiero dejar algo en claro: con este aplauso no me uno a las filas de los "obamitas", "obamianos" o "obamaniacos". El tipo tiene mucho carisma, ha propuesto un proyecto inteligente, pero al fin y al cabo ¡es un político! podría suceder cualquier cosa. No hay que verlo como una figura mesiánica, sino como lo que es, un político que se propone reformar un sistema podrido y que seguramente tendrá que lidiar con muchos adversarios dentro de su propio bando.

Esperemos que se gane otra tanda de aplausos.