miércoles 17 de febrero de 2010

México, 2012


Era la mañana del 22 de diciembre del año 2012. Las calles estaban vacías y había expectación. ¿Volverían los mayas en una nave nodriza? ¿Reventaría el sol? ¿Se partiría la tierra en dos, separando a los buenos de los malos?
Desde Tijuana hasta Mérida abarcaba el manto de silencio. Se suspendieron todos los vuelos. Vamos... no volaron ni las moscas.
A la media noche la gente se percató de que aquel día no ocurriría nada. Y no ocurrió nada en los días siguientes.
Lo único relevante fue que cuando los mexicanos decidieron despertar, les esperaba una auténtica pesadilla: el dinosaurio otra vez estaba ahí.

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